Diario de la luz

Un día de playa

Un día de playa, a solas con mi pequeña Yamna, un hermoso día con un tiempo de reflexión, mientras ella duerme dulcemente bajo la jaima (Al Khaima) sintética de Quechua.

Miro al mar como tantas veces, y me llena de inmensidad. No se porque, pero cuando estoy cerca del mar, me siento mas cerca de Allah, de las cosas que hay sobre la tierra, y siento la inmensidad de su realidad. Subhana Allah.

Reflexiono sobre mi vida, sobre el pasado, sobre el presente y sobre el futuro.

Del pasado no hay mucho que pensar, pues pasado es. Las heridas que ha dejado cicatrizan a la espera de ser reabiertas, pues son heridas profundas, que por experiencia se que vuelven a abrirse una y otra vez. Siempre alguien te reclama, la parte de tu culpa en lo que él cree tu responsabilidad, cuya verdad a medias, le hacen sujeto de derecho sobre tu vida.

Del presente, un montón de pensamientos, como las olas que rompen en una sinfonía irregular, música cadenciosa de voces que trae el mar. Amor, pasión, comprensión, dolor, dudas…

Palabras que son comunes a todos los mortales, pues vivimos arrebatados en el egoísmo de nuestra efímera vida, sin llegar a comprender la inmensidad de nuestro destino.

Tan frágiles en nuestros sentimientos, que solo una guía clara nos puede acercar a una vida ordenada, feliz, donde la comprensión, el amor a nuestros semejantes, la pasión por nuestra familia, la caridad con el necesitado, sean materias fluidas que surjan de nuestro interior.

El mío anda arrebatado. Aun no consigo desligarme de un carácter difícil, que me lleva a comprender a mis vecinos, a aquellos con los que hago negocios, a las personas que necesitan mas mi comprensión, que mi duras palabras.

Por un lado se que tengo buen corazón, pero por otro, se que puedo ser dueño de una crueldad extrema, armado de palabras cínicas y duras, de absoluta indiferencia por mi prójimo.

Que Allah me proteja del Saytan lapidado y me perdone por mis actos.

Un presente lleno de amor. Un amor que me llevo a todas partes, un amor que soñé desde mi niñez. El amor de Aicha, mi esposa. Ella es la miel de mis labios, la llama de fuego, la brisa fresca de mi verano, el jardín de la mas bella flor, nuestra hija Yamna.

Un presente en el que me pierdo en pensamientos, en la búsqueda de la razón, que me permita guiarla hacia la felicidad que ha perdido en su vida. Siento que su sonrisa se ha apagado, que la maternidad la ha llevado a un extraño mundo en el que se debate entre la hermosura de nuestra hija, y la dificultad de los cambios. Siento que a perdido la ilusión, y que una vez más mi fuerza no sirve para empujar a quién navega junto a mi, sino por el contrario le hunde en su intento de seguir el ritmo de mis pensamientos.

En eso, miro al mar, y siento. En eso busco en la Salat, la ayuda de Allah, para encontrar la fuerza necesaria que me permita devolver a la tierra de mis sueños, la hermosura de los verdes prados, los ríos llenos de vida, que sonríen a carcajadas  en cataratas de pasión. Quiero ver la sonrisa de su luna dibujada en su rostro, bajo es ojos que me miran con respeto y admiración, mientras mi mirada le dibuja en su corazón, un te amo. Simplemente, te amo.

Un futuro, lleno de angustias, a debate entre su tierra y la mía. La calma, la tradición y la modernidad. La ausencia de sanidad, pública o privada frente a una mediocre pero existente sanidad pública. Maruecos versus España. Tiznit versus Canarias.

Miro al frente, y veo el mar.

Cierro los ojos… Alhamdolillah.