Diario de la luz

La libertad occidental, como símbolo de opresión feminista-machista

Bismillah ir-Rahman irRahim (En el Nombre de Allah Clemente Misericordioso)

Alhamdolillah. (las alabanzas son para Allah)

Porque mi mujer esta oprimida por Allah, que le dicta en su corazón la imposición de llevar el hijab, como prenda, como actitud, como responsabilidad.

Porque ella es feliz de llevar su hijab, de ser musulmana (sirva de Allah) y de que Él único, el Misericordioso, el Clemente, sea considerado un machista patriarcal. Astagfirullah (que Allah me perdone por mis palabras)

A fin de cuentas, yo no la obligo. A fin de cuentas, su entorno social o familiar, no la obliga. Ni donde vivimos ahora en España, ni donde vivíamos en Marruecos, en Tiznit, sureña ciudad Amazigth, tradicional en valores islámicos y donde pronto volveremos, precisamente para vivir en paz, lejos de la denigrante y consumista sociedad en que vive España.

Alhamdolillah. Yo, llevo mi hijab personal como hombre. Visto con decoro, trato de evitar prendas ajustadas, prendas que ensalcen mi posible belleza exterior, y cubro mi ‘awra (parte que debemos cubrir hombres y mujeres que nos decimos musulmanes de la mirada de otros que no son nuestra familia consanguínea).

Alhamdolillah. Hoy hablar de imposición machista, acogiéndose siempre a los extremos, buscando lugares y situaciones donde el Islam a sufrido el abuso del poder patriarcal, pero que no suponen ni el 10% de toda la población musulmana. Pero sin embargo, no recuerdan sus propias miserias.

Alhamdolillah. Yo amo a mi mujer, por su belleza exterior. Porque ella no necesita un espejo de frío cristal para verse hermosa, sino la simple sensación de su interior cuando hace el Salat.

Mujeres esclavas de su velo particular, la moda, la belleza exterior, los estereotipos, la necesidad de gustar físicamente, de ser guapo, bello, alta, delgada, con protuberancias. Símbolos machistas, feministas, laicistas, símbolos y más símbolos, que se agolpan en un sociedad abocada al consumo. Consumo de bienes, de sensaciones, de necesidades fabricadas para olvidar su efímero paso por una vida que no les pertenece, y que creen poder mejorar mediante sus velos. Hombres y mujeres infelices de su libertad, de su cuerpo, de su situación, de su estar en la vida, depresivos, con miedo a la soledad de la vejez impuesta por valores familiares ausentes, y a una muerte que llena de angustias su vida sin sentido.

Alhamdolillah, porque mi mujer y yo somos libres, aquí, en Marruecos, en cualquier lugar del mundo para amar y someternos a Allah. Porque nuestra hija tendrá otros valores, donde primará la belleza interior, donde el consumo de productos para ser feliz no será su meta en la vida, sino la adquisición de valores, personales, familiares, sociales, que a la postre, le darán un sensación real de felicidad.

Y el día en que como Najwa Malha, piense o decida ponerse el velo, Inshallah, nada ni nadie, le prohíba hacerlo. Y si es así, que Allah la guíe, le de fuerzas, como a Najwa Malha, para seguir adelante en su decisión.

El resto, las palabras xenófobas, el interés mediático y político, será simplemente eso, manifestaciones de quienes no han alcanzado a comprender la grandeza de ser musulmán, de ser siervos de Allah.

Salam aleykum wa rahmatullah wa barakatu