Diario de la luz

Cuando sientes el amor

Pasa el tiempo, inexorable, lento y cadencioso, y no por ello el camino se aleja de la belleza del primer instante. Como todo viajero, al comienzo todo el paisaje te es hermoso, y cuanto admiras te parece unico. Pasado un tiempo, conoces otros aspectos de tu camino, y vas sintiendo la decepción de la imperfección del lugar.

Sin embargo, he descubierto una tierra hermosa, que rompe con toda norma.  No me canso de mirarla, de admirarla, de descubrirla, de sentirla. Hermosas montañas, de suaves crestas y embriagadores olores, una tierra canela, vestida de hermosos paisajes, que me asombran cada día aun mas, con esa belleza natural, la elegancia en cada lugar y en cada momento.

Son sus rocas negras como luceros oscuros que alba busco, y llenan de emoción mi nuevo día. Son sus finas arenas entre mis dedos resbalando, mientras siento la cálida caricia que me ofrecen. Son los nuevos paisajes que me brinda, la delicia de mi viaje, sin importarle el cansancio, soportando el peso de mi caminar, a veces incluso con la dureza del caminante que se olvida de la tierra que pisa.

Un viaje que no quiero terminar nunca, pues caminaría y caminaría sin parar entre mis tierras,  sin descansar si acaso. Busco el mejor camino, y por ello camino despacio, cuidando mi calzado para no herir los pastos por los que camino, para sentir bajo mis pies la humedad de mi tierra, y para que ella perciba de cada paso, mi amor, la necesidad que de ella tengo.

Cuanto tiempo ha pasado, cuantas lagrimas derramadas, cuanta insatisfacción y dolor me acompañaron. Cuanto dolor produje en mi otros viajes.

Ahora, solo se que quiero seguir ese camino, hacer el viaje de la vida en esta tierra, que es la mia como yo soy el suyo, el viajero enamorado.

Alhamdolillah