Diario de la luz

El retorno

Es la hora del salat, la hora del Ad-Dohr, y miro atrás y siento añoranza, bellos recuerdos, sentidas emociones. Tras hacer el woudou, (la limpieza) descubro una vez más, el profundo sentido de los hermanos del Islam, en nuestro momento de oración, el salat. No importa el lugar o la situación, pues si existe un momento en nuestro viaje y un pequeño lugar, buscamos la dirección a la Meca, el solo es nuestro reloj que señala el momento, y sin importar que o quienes nos miran, nos hallamos inmersos en nuestra oración.

A la popa del barco, surcan líneas blancas las débiles olas del Mediterráneo, y al horizonte se desdibuja Marruecos. Poco a poco es su rostro el que toma forma, y me invade la añoranza. Siento que el amor recorre mi cuerpo y me trae sus bellos recuerdos. Nada escapa a su imagen, pues la siento en todas las cosas del día. A veces deseo enormemente llegar a mi destino para poder olvidarla un instante mientras trabajo, aunque se que ni aun así escaparé de su recuerdo.

Cada día que pasa, cada instante que vivo alejado de ella, es un tiempo robado que solo sirve para afianzar el cimiento de mi amor por ella. Fuerte y hermosa será esa casa, que tanto tiempo anduve soñando en mis pensamientos.

Marruecos, esa será mi casa, mi patria, mi tierra. Allí es donde viviré feliz junto a mi esposa, allí es donde viviré eternamente agradecido al dios que me dio la vida, al dios que ilumino mi camino.

Inchallah.

La nostalgia, el dolor de la separación son pequeñas cosas de la vida, mitigadas por todo cuanto hemos de agradecer por lo recibido, y no dejar de pensar, que esta no es sino nuestro efímero paso por esta vida, antes de la otra.

Alhamdulillah.

Vivo ahora en dos mundos, y como el barco me alejo cada vez más de mi pasado. Alguien que me ama me dice, que no hay pasado, que no importa. Solo importa el futuro.

Nada importa que fue de mi, pues de la oscuridad llegue. Como todos los seres humanos malas cosas hice, unas más que otras, y siempre me arrepentí de ellas. Ahora solo me importa, el camino que lleva mi barco, el buen camino, el camino de Allah, que al profeta Mohamed (s.a.v.) le fueron reveladas.

Nada importa ya si fui yo o fuero otros los que prometieron amor, los que dieron dolor, o si aun se creen en la posesión de su verdad.

Que lejos están muchos en la misma ignorancia que yo caminaba sobre el sentido del Islam, sobre la fe que profesamos, sobre las costumbres y formas de aquellos que siguen la Sunna.

Puertas y corazones abiertos encontré en todas y cada una de las mezquitas en donde hice el salat. No importo mi dificultad en el idioma, no importaron mis tatuajes, no importo mi lengua, pues todo fueron palabras y acciones de buen corazón, que me hicieron sentir en mi casa, con mis hermanos.

Alhamdulillah.

Ahora días duros de trabajo acumulado, papeles y mas papeles que me permitan continuar mi vida en mi nueva tierra, y una larga espera: la del tiempo que me resta de estar lejos de mi amada.

Duros días para esa hermosa y dulce mujer, que llena cada día de mi vida de amor y cariño, mientras siento el sollozo de su alma desolada por mi ausencia, mientras recoge fuerzas de donde las encuentra, para que no sienta su dolor, para que no sienta su pena. Solo tiene bellas y hermosas palabras para mi. Solo tiene lo que nunca tuve cerca de mi: amor, cariño. Todos ellos verdaderos, sin pedir nada a cambio, tan solo esperar el amor de mi corazón.

Pero el tiempo es débil tormento, cuyas hojas secas caen poco a poco del calendario de la vida, y con firme paso, va dejando el camino al encuentro de nuestro momento. Inevitable, ineludible, el tiempo pasa, y no tardando, ambos dos estaremos juntos para el resto de nuestra vida.

Al mar le hablo dulces palabras,
le pido que lleve mi amor,
a mi dulce mujer enamorada,
le digo, dale mi corazón
El viento me acaricia
es su mano en mi pecho posada
Viaja viento! Corre! Vuela!
Dile a mi amada
todo aquello que viste
todo aquello que de mi oíste
Seca sus mejillas,
rodéala con ternura,
y dile mis palabras:
Ana behibek, Aicha

Inchallah