Diario de la luz

El amor

Cuantas veces habré creído en el amor, y tonto de mi, viví una efímera y fugaz sensación dominada por el deseo humano, por la necesidad de afecto, por otras muchas cosas que nos ciegan los ojos, y nos impiden ver la triste realidad que vivimos después.
Han pasado muchos años, he vivido muchas cosas, pero en estos días, en los que siento una maravillosa sensación de paz interior, un profundo agradecimiento invade mi persona.
He viajado miles de kilómetros por un sentimiento que muchos piensan alocado, otros muy cercanos a mi, que aun sangran en mi corazón, me dieron la espalda, hablaron mal de mi, conspiraron y no tuvieron siquiera, la fuerza de dirigirme palabra alguna, salvo su felona despedida, con breves palabras, carentes de valor, de fuerza personal, y otros, ni siquiera se atrevieron a hablar.
Nada puede en mi triste y pobre vocabulario describir cuento he sentido en este viaje que aun no ha terminado, que toca a su fin, al menos, en cuanto a la temporalidad de su objetivo, y que no es, sino el ultimo viaje que haré, pues el próximo será aquel que me una para siempre a la mujer que amo, a la mujer que me ama. Inchallah.
Un profundo respeto, un cambio en mi personalidad que pocos podrían llegar a creer, se ha producido desde hace tiempo, culminando en el sentimiento puro y noble que me ha acompañado y me acompañara toda mi vida, por la mujer más hermosa, noble, dulce, inteligente de cuantas hubiera en mi camino.
Nunca jamás podré olvidar la primera vez que la vi, la primera vez que la oí, la primera vez que tuve sus manos en las mías. Nunca podré olvidar la vergüenza y el respeto (entiendan esto los no creyentes como algo hermoso, diferente a lo que ellos entienden por estas palabras) que ambos sentimos en nuestros encuentros, donde nuestros ojos hablaban de amor, donde nuestros humanos sentidos nos querían doblegar en el deseo, y donde un calido y profundo respeto, nos unió aun mas en nuestros corazones.
Nunca olvidare, las palabras que pronuncie ante su padre, para pedirle su bendición, para hablar de que me llevaba a su hija, a su nuevo hogar.

Ala sunati Allah wa rasulih

Nada podrá borrar de mi, el maravilloso recuerdo de nuestras horas felices, en una hermosa playa de Tiznit, lejos del mundano y turístico ruido de Aglou, con el mar embravecidamente hermoso, con la fuerte brisa del Atlántico acariciando nuestros cuerpos dorados al sol, temerosos de Allah, en el respeto que debemos hasta formalizar nuestro amor, y donde solo unas manos se cruzaron, testigos de nuestro amor.
Ellas hablaron por nosotros, fueron nuestra voz y nuestro deseo, nuestros ojos la música que alegro nuestros corazones.
Nunca podré olvidar, la primera vez que rece junto a ella, en la maravillosa, pequeña y blanca mezquita que coronaba la playa.
Nunca podré olvidar como en el camino de regreso, al igual que en el de venida, al pasar por las tierras cercanas, nuestros sueños eran los mismos, nuestros deseos comunes, y nuestros silencio absoluto. No hubo voz que rompiera el silencio, y sin embargo, estábamos hablándonos el uno al otro.
Nunca podré olvidar la dulzura de la caricia de sus manos, la pasión, el amor y el respeto que me dieron y que me llevaron a un mundo por mi desconocido, donde descubrí las pequeñas cosas que son las grandes cosas, donde descubrí, la felicidad de la humildad, y de otras tantas cosas que no encontraría palabras que las describieran sin trastornar su verdadero sentido.
Pasan los días y se hace difícil nuestra separación. Son momentos duros, tristes por la dura distancia, necesaria para preparar, los papeles del mundo de los hombres, los papeles que formalizan lo que ya es de Él.
Sólo nuestro amor, nuestro agradecimiento a Allah, por cuanto nos ha dado, que es mucho más de lo que muchos pueden recibir de esta temporal y efímera vida, nuestras oraciones, el salat, son cosas que nos permiten decir alegres, alhamdulillah.
Alhamdulillah, por que ella me enseño el recto camino que ahora sigo, con sumisión, con paz, con amor.
Alhamdullilah, porque todo en ella me es hermoso. Porque de ella recibo amor, dulzura, cariño, atención.
Alhamdulillah, porque se que ella recibe de mi todo mi amor, la fuerza de mi cariño, la pasión de mi conocimiento.
Alhamdulillah, porque somos de los que creemos.
Y todo ello, será así, hasta el fin de nuestros días.

Inchallah khir.

Anna behibek, Aicha

El Amor (Audio)

AbdelKarim en la playa de Tiznit